Atención a personas disminuidas
adultas:
DE
QUÉ TIPO DE CENTROS SE TRATA
En España, como en la mayoría de los países
occidentales, existe una política de normalización
obligatoria: deben ponerse a disposición de las personas
disminuidas condiciones diarias de vida tan aproximadas
a la normalidad como sea posible. Esto quiere decir que
estas personas tienen derecho a recibir los servicios que
precisan, dentro de las circunstancias más normales
posibles. Por otra parte, se les debe proporcionar la oportunidad
de integrarse en la vida de la comunidad, lo cual implica
en un sentido ideal, escolaridad regular, empleo y todo
lo que necesiten para vivir independientemente. Significa,
además, dignidad y vida privada.
Hay un servicio muy importante para las
personas adultas con retraso mental: la capacitación
laboral. En la mayoría de los casos se lleva a cabo
en un taller supervisado y amparado. Estos talleres capacitan
a las personas impedidas en aptitudes laborales generales
y específicas y les ofrecen oportunidades de empleo.
Sin embargo, hay personas que están
tan severamente impedidas que difícilmente pueden
trabajar en un empleo competitivo y, por lo tanto, la mejor
programación para ellas es un centro ocupacional,
a donde pueden ir todos los días, donde se les ayuda
a conseguir una buena adaptación a la comunidad y
donde pueden recibir apoyo. La meta de estos centros es
ayudar a sus beneficiados a alcanzar la mayor autonomía
personal posible y a conseguir la máxima integración
dentro de la sociedad. Al mismo tiempo intentan ayudarles
a conservar aquellas facultades que han aprendido en etapas
anteriores de su vida, por ejemplo en la escuela, y se procura
potenciar todo tipo de actividad que esté relacionada
con el mundo laboral y las tareas habituales de la vida
adulta. Además les suelen ofrecer a las personas
disminuidas apoyo y ayuda tanto a nivel de cuidado personal
como a nivel psicológico. Se pretende reforzarlos
y ayudarles a mejorar su autoestima y autoconfianza que
muchas veces se ven muy afectadas a causa de sus limitaciones.
Resumiendo, podríamos decir que
en los centros ocupacionales se intenta ayudar a personas
adultas con disminuciones importantes a encontrar la manera
de llevar una vida feliz y satisfactoria, a pesar de que
tengan que afrontar múltiples dificultades por su
condición física y mental.

CÓMO
TRABAJAN LOS CENTROS OCUPACIONALES
La atención ofrecida generalmente
en los centros ocupacionales es de tipo rehabilitadora integral
e incluye unos servicios de ajuste personal, terapia ocupacional
y un programa de rehabilitación individualizado.
En cualquier tipo de actividad se suele tener presente que
ésta se debe adaptar a las posibilidades de las personas
y que se deben potenciar al máximo estas posibilidades.
Esto significa que se les anima a los usuarios a hacer las
cosas sin ayuda siempre que haya la más mínima
posibilidad de hacerlo. Además, siempre que sea posible
se intenta que todos participen de alguna manera en las
diversas tareas que se realizan aunque muchos sólo
puedan hacerlo de forma muy limitada. Es importante para
estas personas experimentar la satisfacción de colaborar
en las actividades y ver de esta manera que son capaces
de hacer cosas ya que esta experiencia influye de forma
positiva en su autoconcepto y su bienestar psicológico
general.
Los siguientes son los servicios principales
que se suelen ofrecer en este tipo de centros: actividades
relacionadas con la socialización, la comunicación
y los hábitos de autonomía personal, actividades
de ocupación terapéutica, actividades de mantenimiento
físico, talleres de cocina, actividades musicales,
actividades de ocio, piscina, atención psicológica
a las personas afectadas y a los familiares, salidas, etc.
DIFICULTADES CON LOS QUE SE ENCUENTRAN ESTOS CENTROS
En el ámbito de atención
a personas disminuidas en general y en el de los centros
ocupacionales en concreto, nos encontramos con múltiples
dificultades de diferentes tipos:
Por un lado, muchas dificultades surgen
a causa de las mismas limitaciones de las personas afectadas,
tanto a nivel físico como mental. Estas dificultades
se refieren a los aspectos de cuidado personal (por mucho
que se intente conseguir autonomía, a menudo es imposible),
a los de las habilidades para realizar tareas que a veces
son mínimas, y al conflicto psicológico y
emocional ya que suele ser muy duro para estas personas
tomar conciencia de la situación tan difícil
que deben afrontar.
Por otro lado, surgen muchas dificultadas
relacionadas con el medio. Sólo hay que salir a la
calle acompañando a una persona en silla de ruedas
para darse cuenta de que hoy en día todavía
existen muchas barreras arquitectónicas urbanísticas.
No es raro encontrarse con pasos de peatones sin rampas
adecuadas para poder cruzar cómodamente la calle.
Tampoco es inusual chocar de repente con otros obstáculos
en medio de la acera, como por ejemplo una farola que no
deje espacio suficiente para la silla o bien material de
obras depositado de manera que tampoco permite el paso a
dicha silla de ruedas. Otro problema suelen ser las escaleras,
demasiadas veces sin rampas al lado, tanto en espacios abiertos
como edificios, y los ascensores muchas veces demasiado
estrechos para la silla o incluso inexistentes. Podríamos
referirnos, además, al servicio público: aunque
se haya adaptado una parte de los autobuses a las necesidades
especiales de las personas disminuidas, todavía falta
mucho para que se pueda hablar de un servicio realmente
satisfactorio para esta parte de la población.
Un tercer tipo de dificultades a destacar
por su importancia sería el causado por la escasez
de los medios económicos con la que se encuentran
a menudo los centros en cuestión. Este aspecto es
fundamental tanto en lo que se refiere a la adquisición
de material adaptado (suele ser bastante caro por lo que
muchas veces no se puede disponer de todas las ayudas técnicas
necesarias) como también a los recursos humanos:
para atender adecuadamente a personas con deficiencias importantes
y diferentes es fundamental poder contar con los suficientes
profesionales de diferentes ámbitos. Pero esto muchas
veces no es del todo realizable por falta de recursos económicos.
EL PAPEL
DEL PSICÓLOGO EN LOS CENTROS OCUPACIONALES
Hoy en día hay un consenso bastante
alto sobre la idea de que la atención a las personas
que son beneficiados de los centros ocupacionales debería
desarrollarse siempre a nivel interdisciplinario. En este
sentido, debería existir una estrecha colaboración
entre diferentes profesionales (educadores, terapeutas,
psicólogos, médicos, asistentes sociales,
etc.).
En cuanto al papel del psicólogo
dentro del ámbito que estamos tratando, podríamos
subrayar los siguientes aspectos:
En el día a día de las personas
discapacitadas puede surgir en muchos momentos, o sea también
durante su estancia en el centro ocupacional, un malestar
psicológico, desánimo profundo o tristeza,
a menudo causados por sentimientos de impotencia o desesperación
ante la situación personal que les ha tocado afrontar.
En esos momentos es fundamental que encuentren apoyo y consuelo,
no sólo por parte de los compañeros y cuidadores,
sino también por parte de un/a experto/a en Psicología,
que, basándose en su formación y experiencia
profesional, pueda enfocar los problemas desde una perspectiva
distinta y así posiblemente ofrecer a estas personas
una ayuda más eficaz. Por tanto, lo más adecuado
sería seguramente una presencia continuada de dicho
profesional.
Además, para ofrecer una asistencia
psicológica más amplia podrían ser
muy indicadas unas sesiones grupales de terapia de apoyo
ofrecidas por el/la psicólogo/a del centro y/o incluso
unas sesiones individuales para determinados casos en que
los pacientes necesiten ayuda para poder superar situaciones
o estados de ánimo especialmente delicados.
A la hora de la evaluación, el profesional
de Psicología no sólo debería diagnosticar
y clasificar a la persona afectada, sino evaluarla multidimensionalmente,
o sea teniendo en cuenta su interacción con diferentes
contextos para poder determinar los tratamientos y servicios
que más le convengan. Debería tener en cuenta
cuatro dimensiones básicas: los aspectos intelectuales
y habilidades adaptativas, los factores psicológicos
y emocionales, los aspectos físicos y las condiciones
ambientales.
El papel del psicólogo en el ámbito
de atención a personas disminuidas es muy importante
ya que esta parte de la población, al igual que otros
grupos de personas altamente vulnerables por su condición
(enfermos, niños, personas en duelo, etc.) pueden
necesitar especialmente el trato y la ayuda profesional
de una persona experta en cuestiones de comportamiento y
funcionamiento mental humano.
PERSPECTIVAS DEL FUTURO
Si nos fijamos en cómo se percibía
el concepto de disminución hace tan sólo unos
años y qué tipos de ayuda existían
para las personas afectadas, nos damos cuenta de que, afortunadamente,
todo esto ha mejorado mucho.
Hoy en día hay bastantes instituciones
que realmente se preocupan por la realidad de estas personas
y que les ofrecen su ayuda y apoyo. Sin embargo, es preciso
que continuemos buscando maneras para que las personas con
discapacidades importantes puedan adquirir su máximo
nivel de desarrollo y una buena integración en la
vida social. Es imprescindible hacer todo lo posible para
que puedan sentirse bien, estar satisfechas, ser felices,
o sea, que puedan alcanzar una buena calidad de vida.
En cuanto a los organismos oficiales, es
del todo necesario que muestren una mayor implicación
en el tema, tanto a nivel práctico como económico
ya que las personas de las que estamos hablando forman una
parte importante de la población y es fundamental
que puedan existir las suficientes instituciones dedicadas
a ellas, como lo son por ejemplo los centros ocupacionales,
para asegurar los servicios de terapia y ajuste personal
y social de estas personas.
Finalmente, parece acertado volver una
vez más a la ya mencionada actuación interdisciplinaria:
esto sería, según mi entender, otro aspecto
a potenciar. Dicha colaboración ya se está
llevando a la práctica en muchos casos pero está
claro que todavía hace falta mejorar y acentuarla.
Al fin y al cabo, en la rehabilitación de un paciente
no nos encontramos solamente con problemas de tipo físico
y/o intelectual, sino también con factores psicológicos,
médicos y sociales diversos, por lo que deberían
intervenir siempre varios tipos de profesionales. En cuanto
a la normalización, o sea, el intentar establecer
conductas y características personales que sean tan
culturalmente normativas como sea posible, debemos procurar
entre todos proporcionar a las personas devaluadas socialmente
la dignidad completa a la que tienen derecho, como todo
ser humano.
Por suerte, no todos tenemos que vivir
con discapacidades pero deberíamos tener claro que
hay muchísimas personas afectadas que forman parte
de la misma sociedad que nosotros y que el problema, por
tanto, es de todos.
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